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Aquí viene otro capítulo de “porque nosotros nos lo merecemos” facilitado por mis incansables suegros que tuvieron a bien quedarse con mis tres Condicionantes este domingo pasado. En este capítulo decidimos dejar a un lado el cine e irnos a comer, esta vez a La Sala de Despiece (Ponzano, 11).

Estoy segura que muchos de vosotros ya lo conocéis, pero, para los que como yo, se hallan inmersos en un mundo más de niños con muchas cosas que hacer y poco tiempo para disfrutar sin ellos (que también se disfruta mucho) que te ayuden a elegir dónde ir y no equivocarse es un placer.

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La Sala de Despiece no permite reservas a no ser que vayas a “la academia del despiece” donde por lo visto hay una mesa corrida  para 12 comensales donde sirven un menú degustación por 65€. Como no permite reservas, habitualmente hay cola en la puerta, porque lo que hacen es que te van dejando pasar a medida que tienen hueco dentro. Eso permite que cuando estas comiendo no estés ni apretujado ni con alguien en el cogote esperando a que acabes, también implica que tienes que esperar y que no hay un tiempo medio de espera. Así que sí, es uno de esos sitios a los que puedes ir, si tienes tiempo y te apetece estar un rato charlando de pie con la gente que te acompañe. Para que la espera no se haga tan pesada, te dan unas patatillas de avituallamiento cuando ya llevas un rato esperando.

Cuando te hacen pasar, todavía no tienes hueco pero ya puedes ir pidiendo algo de beber y mirando lo que otros comen. Se te hace la boca agua y te permite hacerte una idea de lo que vas a pedir. La estética, si eres como yo que te gustan las pelis de miedo, seguro que te recuerda a alguna película (mira la imagen y ya verás).

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En la sala no hay mesas, todo se come en barra y cumple con la tradición del barrio, permitirte tomar alguna cosa e ir al siguiente sitio. No es un sitio barato, pero sí es un sitio rico y diferente. Pedimos un carpacho de chuletón de muerte, un rolex digno de probar, un atún encebollado exquisito que no hubiéramos pedido a no ser de haberlo visto pasar, una carne ajaponesada que no recuerdo el nombre y de postre queso majorero a la plancha. La carta es muy variante, así que cuando vayáis lo mismo encuentras otras cosas dignas de tomar. Con botella de vino, nos salió por 93€. Como he dicho no es barato es “porque nosotros lo valemos”.

Contrapunto y yo podemos tener puntos encontrados en muchas cosas pero esta es una de las cosas que tenemos en común: nada mejor que compartir una buena mesa y comer bien.

Un placer. Como siempre.

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