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Yo no voy al supermercado con los niños, yo no voy al supermercado con los niños, yo… tengo que repetirme esta frase como un mantra para que de una vez por todas no se me olvide.

super sola

La realidad es que sí que voy, puedo ir con el Rubio, con Chiquitita, incluso con el Moreno y si me apuras mucho con dos de los tres. Y siempre a comprar algo que sólo suponga una estancia de diez minutos en el super.

Soy de las que “disfruto” yendo a comprar, de las que me paseo por todos los pasillos buscando inspiración, de las que me gusta ver qué cosas han traído nuevas, de las que habla de su vida con el pescadero, de las que le pide recetas al carnicero,… vamos, una mari en toda regla (en lo que a supermercados se refiere).

Contrapunto cuando quiere molestarme me dice “¿Vamos a tu sitio preferido?”. No. Eso tampoco es. Me gusta ir, pero me encantaría no tener que ir todos los días y tener a alguien en casa que se le ocurra por sí mismo comprar Papel Higiénico porque sabe que esta mañana ha acabado el último rollo, vaya que hasta me conformaría con que me lo dijera para ahorrarme un segundo paseo al super cuando me doy cuenta, sentada en el váter (¡!), que no hay papel. Pero bueno, ese es otro tema.

La cosa es que el viernes pasado, cuando salíamos del fútbol del Moreno (sí, esa era otra de las cosas de las que se suponía que se encargaba Contrapunto) me dijeron los niños que querían hacer pizza en casa, que podíamos ir al super a comprar lo que necesitáramos. Me pareció buena idea todavía era de día y Contrapunto iba a llegar tarde del trabajo. Así que allí me fui (olvidándome por completo del mantra).

Madre mía! Cómo puede transformarse una tarde estupenda en una tarde horrible?!!! Yendo al supermercado con los niños, está claro!

horror en el super

A Chiquitita la metí dentro del carro con la idea de tenerla controlada. El Rubio decidió que era él quien iba a manejar el carro y se puso a dar carreras por los pasillos. El Moreno le seguía y le retaba. Cuando conseguí alcanzarles decidí cambiar de táctica: saco a Chiquitita del carro para que vaya a mi vera y no en el carro asesino. Me giro para buscar la levadura, en ese momento ella decide investigar algo por su cuenta. El Rubio sigue con sus carreras con el carro y, claro, se lleva por delante a Chiquitita que en ese momento estaba sentada en el suelo.

Y ¿quién apareció? La vieja sabelotodo que con tono de reprobación  me dice “¿Es que no sabes que no pueden estar los niños solos?”. Aquí salió mi yo más barriobajero y, mientras su marido le susurraba al oído que si no sabía estar callada, le dije “¿Quiere usted venir con nosotros a casa?”. Escrito no suena ni la mitad de mal de lo que suena dicho.  Mentiría si digo me arrepentí al momento, me arrepentí cuando ya tenía a todos controlados y estaba en otro pasillo del super. Pensé en buscar a la buena señora para disculparme pero no lo hice.

Ya os lo dije en otra entrada, cuando nos veáis como unas locas gritando o haciendo algo que os choque, compadeceos de nosotras que la vida con niños es maravillosa pero, a ratos muy pequeños,  es mortal.

Un placer. Como siempre.

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