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Acabo de leer un artículo de las 13 pifias comunes de los primeros auxilios y tengo que decir que creo que fallaría casi en todas. Madre mia! Soy mala madre hasta para esto!!

Os contaré, para que os sirva de ejemplo, lo que nos pasó cuando el Moreno comenzó a comer comida de mayores.  Me parto sólo de acordarme, lo que son las cosas, lo que son los momentos, de aquellas éramos padres primerizos, de esos que siguen al pié de la letra lo que te dice el pediatra: ahora toca pescado, ahora huevo,… Igualito que con Chiquitita, que cuando la pediatra me dijo que ya podía empezar con las tortillitas suavitas por la noche, ella ya tenía como aperitivo preferido las aceitunas y comía lo mismo o más que su padre. La experiencia, que es un grado o un degradado, nunca se sabe.

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A lo que iba, ese día estábamos en casa de mis suegros (en un pueblo a las afueras de la ciudad) ya que yo estaba de cuarentena por Gripe A (sí sí, no me privo de nada). Mis suegros se habían ido de fin de semana, era el sitio perfecto para evitar el posible contagio. Había preparado para cuando llegara Contrapunto y el Moreno una lubina al horno con almejas que tenía una pinta bárbara. Nos sentamos. Empezamos a cenar. El Moreno ya había comido su puré y estaba tranquilo. Pero estábamos en la fase de que tenía que probar nuevos alimentos. Y le dimos un poco de pescado. Yo lo escogí y lo revisé para que no tuviera espinas. Su padre lo cogió, lo revisó y se lo dio. El Moreno se lo comió y…. y en ese momento le poseyó el niño del exorcista.

Como lo oís: gritaba, lloraba, se retorcía,… Primero pensamos en que le estaba dando una reacción alérgica, después pensamos en la espina. Tenía que ser una espina. Y ¿qué hicimos?, lo que nos habían dicho siempre nuestras madres. La famosa frase “trágate una miga de pan”. Se la intentamos dar, no recuerdo si se la comió o no, le dimos agua, golpecitos,… A ratos parecía que se le pasaba, pero al momento siguiente volvía a retorcerse.

Llamamos al 010, el teléfono de cabecera médica que tenía en ese momento (que siempre, siempre, siempre me remitió a que me fuera a urgencias) y nos dijo: “No toquéis al niño, no le deis agua, no le deis pan. Traedle inmediatamente porque en un niño tan pequeño la espina puede perforarle el esófago y generar un problema muy grave”.  Coño! La habíamos pifiado.

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Así que allí nos fuimos. Contrapunto, Moreno y yo (con mascarilla para no contagiar). Entraron los dos y en menos de 5 minutos el tema estuvo resuelto. Un médico con unas pinzas le quitó la espinita de la garganta. Volvimos a casa. El pescado ya no tenía tan buena pinta.

Y es que tenemos una mochila cargada de frases de nuestras madres y nuestras abuelas, muchas mucho más que válidas pero otras… :“Tómate el zumo que se le van las vitaminas”, “Trae que te sople el ojo que seguro que se te ha metido algo”, “Espera dos horas antes de bañarte para que no se te corte la digestión”, “ Si comes muchas chuches te van a salir lombrices”,… Ains! Cuánto debemos a nuestrAs mayores!!

Un placer. Como siempre.

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