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Ya sabéis que yo escribo sobre lo que me pasa, sobre lo que leo, sobre lo que pienso,… no os sorprenderá que hoy hable del LGTB ya que este fin de semana se celebra en Madrid el día del orgullo. Seguro que os imagináis mi opinión al respecto.

escultura familia LGTB

Una de mis mejores amigas, de esas que son como tu hermana y que por todos es considerada de la familia, es lesbiana. Es fuerte la frase, podrías decir mi amiga la pelirroja, mi amiga la dentista, pero identificar a mi amiga por su identidad sexual,… como poco es sorprendente. Nadie me ha presentado a mi como “mira, esta es la heterosexual”. Pero bueno, de esto va hoy mi entrada, de intentar aportar mi granito de visibilidad y normalización sobre este tema.

Y es que me gustaría que todos os pusierais en la piel de mi amiga o de cualquier otro con una identidad sexual diferente, sobre todo de los que tienen nuestra edad. Nuestra infancia fue una infancia con marcados roles de género y donde la información la proporcionaba dos canales de televisión con toda la censura del mundo. Imaginar lo difícil que tenía que ser pensarte diferente a todo el mundo, un bicho raro. Que cuando ibas al cine y tus amigas suspiraran por el guapo de la peli, la que a ti te hacía sentir algo era la chica. Que tus padres se extrañaran porque no te echaras novio. Que te echaras novio para tranquilizarlos y, sobre todo, porque pensabas: “esto es lo que me tiene que gusta. Lo dice todo el mundo. Seguro que si lo pruebo me gusta”. Y ver que no. Y sentirte sola. Y no saber qué hacer ni cómo plantearlo a la gente a la que quieres.

Mi amiga me lo contó. Me lo contó mucho después de ella haberse aceptado. Fue un poco por casualidad. Estoy segura que fue una liberación para ella (hubo unos meses que no paramos de hablar sobre el tema, ¡había estado en silencio tanto tiempo!). Para mí fue una alegría. Cualquier persona tiene que poder compartir sus alegrías y sus penas con la gente que les quiere y no hay nada que de más alegrías y penas que el amor, que es de lo que estamos hablando.

Il2dads

Sinceramente creo que lo que han vivido las personas de mi edad, no lo van a tener que pasar nuestros niños cuando sean mayores. Poco a poco la sociedad ha ido madurando, es verdad que le queda mucho camino que recorrer, pero ya ha cogido la inercia buena. Si como padres le podemos dar a nuestros hijos una mente libre de prejuicios, ellos podrán actuar libremente. Porque sabrán que sus padres no esperan que le presente un novio o una novia, sino que le presente a su pareja. Podrán ser libres en el cole, en su círculo de amigos, si los padres de estos les dan esa libertad a ellos también. Es tan importante que la mayoría de una generación se sienta libre en este aspecto para poder normalizarlo, que debemos hacer un esfuerzo por conseguirlo. Nada conseguiríamos si toda la clase se ríe porque Pepito le ha dado un beso a Manolito. Sólo con que Pepito piense que sus amigos no lo van a entender y por ello, no lo cuente o  no lo haga o, peor aún, intente cambiarlo, estaremos en el mismo punto que cuando nosotros éramos pequeños.

Para mis hijos es una normalidad, entienden que hay parejas de chicas, de chicos y de chica y chico. Entienden menos que para las parejas de chicas sea más fácil tener hijos que para las parejas de chicos, pero vamos poco a poco.

Este año tenemos banderas en muchos ayuntamientos. Hay dos que me encantan por la infancia que he pasado en sus ciudades: Madrid y Ciudad Real. Es un paso. El camino estará hecho cuando no haga falta poner esas banderas.

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Os dejo una web que he encontrado esta semana de donde saco la preciosa foto del principio y es que imaginad: a todo lo que supone vivir una identidad sexual “diferente”, unirle el ser profundamente cristiano. No lo quiero imaginar.

Un placer. Como siempre.

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