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Ayer Contrapunto salió. Esta vez con los padres del cole, que como os comenté en el post anterior ya han dejado de ser el “padre de” para ser Fernando, Nacho, Ignacio,… y se lo debió pasar bien, porque ni sé a qué hora llegó y esta mañana me ha pedido que llevara yo a los niños al cole para arañar unos minutos más a la cama.

Como os he contado en alguna otra ocasión, nosotros salimos bastante teniendo en cuenta que tenemos tres Condicionantes. Normalmente salimos por separado de manera que el otro se quede con los niños y no haya que pedir más favores y, aunque es una pena, también tiene su lado bueno.

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En esas ocasiones en las estás sola tú con los niños (o sólo) el status quo cambia y las cosas suelen ir como la seda.  Aunque siempre hay excepciones y, a veces, es un día de esos  en los que el día ha amanecido tan torcido que no hay manera de enderezar, en el que entonces te pasas la tarde-noche con tus hijos maldiciendo que tu Contrapunto esté de fiesta y tú en casa sola. Pero eso no es lo normal.

Ayer fue un día normal: Recogida del cole, charla/juegos con los amigos, vuelta a casa, baños, cena y a la cama. Sin incidencias y sin problemas.

Noto últimamente que al Moreno empieza a no gustarle la vida social de sus padres. Hasta hace poco nunca te decía “¿porqué te vas?”, “No quiero que te vayas”,… y ahora empieza a ser habitual. Ellos están acostumbrados a que salgamos y lo normal hasta ahora era un, incluso, “que te lo pases bien”. Pero ahora no. No sé cuál es la razón, qué es lo que ha cambiado pero está claro que hay algo en su cabeza: no sé si puede ser que se siente tan incluido en las salidas con nuestros amigos adultos que no entiende por qué no puede ir, si está en esa fase en la que sólo se entiende que papá y mamá estén siempre juntos, piensen igual, si no entiende por lo poco que lo ha vivido que es posible pasarlo bien sin estar toda la familia junta… No sé, pero me da penita.

Pero este no era el objetivo de la entrada de hoy. Mi objetivo era contaros lo bueno. Lo bueno que estoy segura que cuando lo leáis estaréis de acuerdo conmigo. Cuando te quedas sola (o solo) con los niños y ya has conseguido que se duerman, llega tu momento. Y es que, por muy enamorada y feliz que estés con tu pareja, hay que compartirlo todo: qué es lo que se ve en la tele, qué es lo que se cena, a qué hora te vas a dormir,… y no es que se comparta, es que muchas veces cenas algo que a ti no te apetece mucho porque sabes que al otro le va a gustar, o ves esa serie o ese programa más por el otro que por ti, o te quedas dormido en el sofá para no irte a la cama sin el otro.  Lo compartes todo.

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Los días que estas de single eres la única que toma las decisiones y es ¡Genial! (Sería agotador que fuera lo habitual, pero, de vez en cuando, es un placer). Yo, normalmente, como lo sé de antemano, me compro y hago la cena que me apetece, decido si me apetece hacer alguna de las cosas que tengo atrasadas, veo alguna de esas pelis de miedo que no puedo ver con Contrapunto y me quedo dormida a placer en el sofá. A veces incluso es él el que me despierta cuando llega para llevarme a la cama.

¡No sabéis cómo lo disfruto! Y es que la felicidad está en los pequeños placeres. Y es un pequeño placer estar sola a veces, tomar las decisiones sin pensar en nadie más que en lo que tú opinas.

Un placer. Como siempre.

(Tener tiempo para escribir y que alguna vez tengas ganas de leerme son otros dos de mis pequeños placeres).

Imágenes: milowcostblog.com

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