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Esta entrada va dedicada a Mai que no llegó a ver la vida y a su madre a la que me gustaría dar todo el ánimo posible. Después de la tragedia que es perder un hijo después de 40 semanas, esta madre decidió compartir en facebook su pena y su decisión con respecto a la lactancia. Alguien denunció la foto y Fb la borró junto con el texto y los comentarios de apoyo.

Llegó y se fue. Texto Censurado

Espero que esta entrada sirva para difundir su pérdida y su valentía así como para que todos nos concienciemos que hay cosas que tienen que verse, que no hay que ocultarlas o denunciarlas, incluso cuando la imagen nos violente o podamos considerar puede violentar a alguien. Detrás de esas imágenes hay sentimientos y no somos nadie para juzgarlos.

Esto de denunciar imágenes, prohibir cosas relacionadas con la crianza y la maternidad no es una cosa nueva. Sigo en facebook el blog de  “Nace una doula” que es por donde conocí la historia de Mai, en ese blog suelen aparecer imágenes de partos naturales entre otras cosas y muchas de ellas facebook las censura. Todos sabemos que hace poco en el instituto valenciano de arte moderno prohibieron a una madre dar de mamar a su hijo porque estaba prohibido “comer y beber en la sala”. Como digo, no es una cosa nueva y cada cierto tiempo salta alguna noticia relacionada. Seamos considerados, no pidamos consideración en el trato sólo para con nosotros.

Os incluyo el texto íntegro de esta madre valiente, María, que pidió que se difundiera la imagen y el texto que censuraron sin sentido :

Cuando la leche no es blanca

El pasado 3 de marzo mi hija Mai nació muerta. Nadie te prepara para eso. Nadie está preparado. Dentro de la nebulosa del momento, burocracia, gestiones, decisiones y recuerdos, alguien te ofrece pastillas para cortar la leche. Alguien te dice que puedes esperar. Y en ese momento caes en que tu cuerpo, tu cuerpo de madre, parida la placenta, producirá leche en unos días. Y te cagas en la Naturaleza. Mi elección fue esperar, quizás para aferrarme a lo que de Mai me quedaba. No me arrepiento, fue una despedida suave y paulatina, pero cada mujer debe tener libertad para escoger la suya. Los profesionales deben informar. No juzgar. Tras la cesárea de urgencia y la muerte, el shock y el dolor físico dejaron paso a una fuerza increíble que me impulsaba a levantarme, a lamerme mi propia herida. Los pechos se me llenaron de leche, tremendos y calientes. Fui mamífera en estado de alerta, buscando a mi cría, esperándola. Por la cesárea tomaba antiinflamatorios, quizás por eso no sentí dolor, solo malestar, no tuve necesidad de extraerme leche ni de aplicarme frío ni hojas de col. Dejé fluir la leche, simplemente, dejé que me mojase despidiendo a mi bebé, dejé que se perdiese. Dejé a mi cuerpo hacer su duelo, llorar su luto, hasta que la leche se marchó. Y con ella la fuerza. La mamífera que por fin tomó conciencia de que su bebé no iba a volver. Mamífera vacía de vientre y pechos muertos. El cuerpo de madre, creador, nutricio, lleno de vida y alimento pasó suavemente a convertirse en silencio, en cementerio.

Un placer. Como siempre.

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