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Nos hemos hecho un regalo. Porque nosotros lo valemos, porque nos lo merecemos, porque de vez en cuando es mucho más que muy higienizante cogerte un día para estar a solas y sin prisas con tu Contrapunto.

La semana pasada Contrapunto me pidió que nos cogiéramos un día, no para no hacer nada, sino para hacer cosas sin prisas y sin obligaciones. Porque nosotros lo valemos y porque no se puede hacer oídos sordos a una petición de auxilio (Contrapunto está hasta arriba de trabajo y de estrés) el martes fue el día elegido.Nos levantamos como siempre: desayunos, uniformes y prisas para llegar a la hora al colegio y una vez que los niños estaban en sus quehaceres diarios, ahora sí, el tiempo (hasta las 17h) era solo para nosotros.

Primero un desayuno tranquilo cerca de casa, bueno, tranquilo para mí, al Contrapunto le llamaron y llamó durante la primera media hora. Cogimos el metro y nos acercamos a la plaza de Cibeles para ver las exposiciones del Palacio de Cibeles, entre ellas la Colección Abelló (impresionante como una pareja ha podido acumular cuadros de todos los pintores que conozco) y Puertas, una exposición muy interesante de desarrollo sostenible apta para mayores y niños.

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Luego nos fuimos a comer. Esta vez elegimos Yakitoro del que nos habían hablado muy bien y todavía no habíamos tenido la oportunidad de ir. Yakitoro es el restaurante de Chicote y ves reflejado en el mucho de lo nos ha trasmitido en su programa de la tele. Conceptos claros y sencillos. En este caso, el concepto es la comida en formato de tapa apta para compartir. Cosas ricas de “sencilla” elaboración donde el carbón es el rey con unas salsas ricas. Como resultado es que te vas con un muy buen sabor de boca, con ganas de volver cuando tengas ocasión. Aunque en el restaurante hay tronas y seguro que encuentras platos sin problemas para que los niños coman, para mí es un sitio para ir en parejas (una o dos) lo que te permite probar suficientes platos como para hacerte una buena idea de lo que te ofrece este restaurante. Si tuviera que hacer una crítica sería que, a pesar de los potentes extractores que tiene, al final que la comida a la brasa se haga a la vista, hace que pasado un rato el restaurante tenga olor que no es que resulte desagradable, porque siempre te recuerda un poco a pueblo, pero sí seguro que es mejorable.

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Llegamos a casa con tiempo suficiente para descansar un poco antes de ir a por los niños. Y para que ellos también fuera el día un tanto festivo (no solo por lo inusual de que Contrapunto pueda ir a por ellos al cole) nos los llevamos al cine a ver el  Libro de la Vida. Entró con los niños Contrapunto así que sólo puedo decir que el Moreno calificó la película de 4,5 estrellas sobre cinco. Habrá que verla. Mientras acababa yo miré escaparates y cositas con la más pequeñita.

Llegamos a casa tarde, a la hora de las rutinas nocturnas de cenas, pijamas y cuentos. Contrapunto que es muy listo (además de guapo, majo, niñero,…) se organizó para ver uno de los múltiples partidos de fútbol que en esta época hay a diario y subió con nosotros a casa para darnos un beso y verificar que todo estaba en orden. Un día 10 para él que se lo merece (aunque no lo creáis, lo digo sin acritud).

Y ¿sabéis cómo acabó el día? Nooo! Mal pensados! Acabamos en urgencias!!! Chiquitita vomitó a eso de las dos de la mañana y mientras yo cambiaba la cuna y Contrapunto la cambiaba, oí la frase esa que te hiela un poquito la sangre: ¿Puedes venir un momento?

Está claro! Algo pasa… pues sí, esta vez Chiquitita tiene la barriga como un balón de baloncesto, nos miramos y Contrapunto fue a quitarse el pijama. Llegaron a las 5am. Para vuestra tranquilidad Chiquitita está bien.

No es que la valoración del día no siga siendo de 10, pero estas cosas pasan cuando tienes niños pequeños y no hay un día que eso se te olvide por una razón u otra.

Un placer. Como siempre.

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