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¿No os ha pasado llegar a la oficina por la mañana con los dedos llenos de pegamento fuerte porque la noche anterior estuviste haciendo un disfraz o alguna manualidad para tu hijo?

A mi sí, muchas veces, el viernes pasado me encontraba con 8 de mis 10 dedos llenos de pegamento porque el día anterior me decidí a hacer los disfraces de indios. Si es que una lleva en la sangre eso de liarse… porque en realidad esta vez no es una cosa oficial,
sino una fiesta del cole a favor de los niños de sexto que el año que viene van al instituto a la que hasta los padres pueden ir disfrazados. Y es que estamos en semana de carnaval y aunque el último día (el que sí era oficial) mis hijos no consintieron disfrazarse, si esta vez quieren y su mami no les lleva nada… lo que haga falta por no decepcionar.

Esta vez los padres del curso del rubio han propuesto ir de indios y aunque no lo veía claro, el jueves por la noche me tienes pegando plumas a unos trozos de fieltro para hacer tres disfraces (el mío y el de mis dos primeras condicionantes). Pero claro con sólo plumas no hacemos mucho, hay que pensar algo más. Así que después del trabajo, todavía con pegamento en los dedos, me paso por el chino, cojo tres mantas cutres, unos sprays y en el burguer la comida. Llego a casa y me doy cuenta que las plumas las dejé encima de la mesa y que el pegamento fuerte además de pegarse en los dedos se lleva el barniz de la mesa. No pasa nada, esas cosas pasan, esto no va a minar mi positividad y además no tengo tiempo de pensar en ello.

Entre bocado y bocado voy cortando las mantas, haciendo dibujos con los sprays, me hago las dos trenzas propias del disfraz, me pinto la cara, cojo las pinturas para ellos, hago las meriendas por si no les va lo que haya en la fiesta… Todo en escasa hora y media que tengo entre salir del trabajo y recogerles.

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Allá me voy, disfrazada de india a por mis chicos, dispuesta a darlo todo y a pasar frío en la enésima fiesta de sexto que nunca nos podemos perder si no quiero que mis hijos dejen de quererme para siempre.

Llego. El rubio no tiene el día y no consiente disfrazarse y sólo quiere irse a casa. Al moreno le encanta la idea y que su mami venga disfrazada más. La mami que al salir de casa estaba encantada con el resultado de su creación, se da cuenta que es una mediocre haciendo disfraces pero sigue muy digna con sus plumas en la cabeza y la manta sobre los hombros. Hacemos lo propio, compramos la merienda, jugamos a algún juego que aportan 1 euro al viaje de los de sexto, estamos en el consabido concurso de disfraces que como siempre no ganamos… El moreno me dice que es la última vez que se disfraza, que siempre hay amaño y que sólo ganan los niños amigos de los padres del Ampa. Al rubio se lo lleva su padre (es imposible hacerse con él esta tarde) y la madre se va a confraternizar con los otros padres y a hacer que se le pase el mosqueo al moreno.

¿No hubiera sido más fácil no disfrazarnos?

Lo mismo sí, pero lo hubiera disfrutado menos. ¿No os parece?

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