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No sé si habéis tenido ocasión de leer el artículo de Pedro Simón llamado Tu Perfecto Desorden que ha estado circulando estos días por las redes sociales. Habla de esas cosas que pasan todos los días a las personas y en las casas donde hay niños:  A quién no le ha pasado que buscando un papel en una reunión aparece un cromo de cualquiera de esas colecciones que hacen los niños, o sacando un bolso de otra temporada que hace tiempo no te pones aparecen cosas de cuando los niños tenían dos o tres años menos, o quien no se ha tirado de los pelos cuando recoges la casa antes de ir a por los niños y en un momento parece que han pasado por allí los hunos,… De eso va y me ha encantado.

¿Os acordáis de la campaña de skip de Ensuciarse es Bueno? La verdad es que conmigo los creativos siempre dan en el blanco (debo ser un blanco fácil..isic!) pero es que soy de las que vivir cerca de los niños me parece un regalo: ver las cosas por sus ojos, disfrutar con cada pequeño cambio o logro, mancharme con ellos, hacer manualidades… No vayáis a pensar que soy la madre molona de esas de pelis para niños, tampoco es eso. Pero sí me gusta hacer cosas con ellos de esas que implican que la casa quede luego hecha un pelín desastre.

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Reflexionando sobre esto me doy cuenta de dos cosas: la primera es que cuando tenía un solo condicionante hacía muchas más cosas de ese tipo (tenía hasta un pijama de tipo mono para cuando hacíamos esas cosas)  y cuanto más lo pienso más penilla me da y más necesidad me entra para buscar un huequillo para hacer esas cosas con los otros dos. La segunda, que el mayor se me hace mayor y aunque quiere está en esa fase que llaman de la goma, en la que quiere estar cerca de mí y hacer ese tipo de cosas pero también quiere estar lejos y hacer cosas en las que cada vez hay menos cabida para los adultos.

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Y entonces vuelvo a la metáfora a la que se hace referencia en Tu Perfecto Desorden: El legado más importante que puedes dejar en tus hijos es raíces y alas. Las raíces que serán la base para que crezcan en la vida, que son las cosas que han mamado en casa. Algunas seguirán, otras no. Sus propias experiencias y su personalidad harán que esas bases se modifiquen en su propia forma de ver la vida. Pero serán siempre sus raíces. Y alas, alas para volar, para ser ellos, para vivir su vida. Y, como se suele decir, que yo lo vea, que yo tenga el privilegio de ver su vida por sus ojos.

 raíces y alas

Sé que me adelanto, y mucho, al futuro. Hay muchos padres que son padres siempre, se habla de los padres helicóptero, también se habla de aquellos que no superan que sus hijos se marchen [síndrome del nido vacío],… Yo no sé realmente cómo afrontaré esos retos cuando se vayan presentando pero sí sé lo que deseo: deseo que mis niños crezcan felices y se hagan unas buenas personas, quiero que vivan su vida y la disfruten a tope y quiero que mi casa y mi vida sea referencia cuando ellos tengan su propia familia para volver a encontrar ese cromo de fútbol o ese chupete en mi bolso.

Un placer. Como siempre.

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