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Como buena trimadre, término sacado de una gran blogger que nos hace pasar unos momentos deliciosamente divertidos en los que vernos identificados, es decir, con tres hijos a cuestas, las noches en mi casa se alejan del descanso relajado y se acercan más al concepto Jacobeo. Son noches de peregrinaje: de ellos hacia mi cama y del mío hacia las suyas.

Podría decir que dentro de lo que se refiere a las tareas habituales relacionados con los hijos, las noches han sido y siguen siendo nuestro caballo de batalla.

Para que os hagáis una idea: con el primero la noche era lo que para todos es la noche, dormir y poco más. Pero llegó el segundo y la noche pasó a ser esas horas aterradoras que pasan lentamente. Básicamente se pasó dos años (sí, dos!!) sin dormir. Cuando hablo de sin dormir hablo de que todas las noches además de dormirse tarde, cada dos horas aproximadamente se levantaba una llorando como un loco.

llorra

Imaginaros lo que eso significa un día y otro y otro… No dormir para un pequeño no sé lo que es, pero para un mayor…para un mayor es la muerte: stress, tensión en la pareja, cansancio, desesperación. Lo probamos todo: Duérmete niño, Bésame mucho , canciones, paseos por el pasillo, despertarnos y hacer como si es de día. Nada nos funcionó.

Además en momentos de crisis no quería ni que le tocáramos pero que tampoco nos alejáramos, vamos un suplicio y un sufrimiento por cómo lo pasaba el pobre. Hubo algún médico que todavía recuerdo que nos dijo (ayudándonos mucho): “este niño es el típico que va a dormir mal siempre.  Ahora son llantos, luego serán terrores nocturnos y más tarde pesadillas”. ¿Sabéis que es lo peor? que se ha cumplido punto por punto.

Solución: ser más laxos en permitirle dormir con nosotros. Resultado: que ahora el mayor también se mete en la cama cada vez que puede y especialmente cuando ve que su hermano no está en su cama. Así que al final muchas veces dormimos todos en la cama de matrimonio: un suplicio para nosotros y nuestras espaldas y un placer para ellos.

colecho

De media una vez cada uno de los padres nos levantamos a llevar a los niños a su cama y, aunque no os lo creáis, estamos mucho mejor que antes porque lo que sí sabemos es que dormir dormimos. Eso sí, las ocho horas de corrido quedaron atrás.

Os preguntaréis si con la chiquitilla tuvimos más suerte. Pues sí, la tuvimos, pero claro cuando la balanza está en un extremo hay muchos puntos donde sentirte que has mejorado. La pequeña de mis condicionantes  se levanta todas las noches a comer y eso que ya tiene un año, pero es que esta no tiene problema ni de comer ni de dormir, lo que tiene es hambre y la tiene casi siempre. Eso sí, te levantas, vas como un zoombie a por el bibe, se lo das y se duerme. Hasta eso, con lo que hemos pasado, nos parece fácil.

¿Qué tal vosotros? ¿Cómo son vuestras noches en casa?

Un placer. Como siempre.

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